La Selección Argentina de Lionel Scaloni quedará en la historia porque nos llenó de gloria, pero también porque nos hizo volver a estudiar Geografía. Es que en algún momento, de la mano de Claudio Tapia y la AFA, los amistosos dejaron de ser contra potencias y empezaron a darse contra países que cuesta ubicar en el mapa.

El próximo de esa lista es Burkina Faso, una nación del oeste africano, sin salida al mar, de unos 24 millones de habitantes y con una superficie casi tan grande como la provincia de Buenos Aires. Su primera dificultad la plantea el gentilicio: el equipo burkinés es una incógnita para gran parte de los hinchas argentinos. Sin embargo, detrás de ese rival exótico se esconde una historia cargada de símbolos nacionales, leyendas, héroes populares y hasta una de las nuevas promesas que intenta seguir la ruta que alguna vez recorrió Erling Haaland.

A Burkina Faso se la conoce futbolísticamente como “Los Sementales” (“Les Étalons”, en francés), un apodo que no nació en una cancha sino mucho antes de que existiera el fútbol en la región. Según la tradición local, el origen está vinculado con Yennenga, una princesa guerrera considerada la madre del pueblo mossi, la principal etnia del país. La leyenda cuenta que escapó montada a caballo y que ese animal terminó convirtiéndose en uno de los símbolos fundacionales de la nación.

Por eso los caballos aparecen en el escudo nacional y también en el emblema de la Federación Burkinesa de Fútbol. Cada vez que la selección sale a la cancha, en realidad representa mucho más que un equipo: representa uno de los mitos de origen del país.

La identidad nacional también está presente en el estadio donde hace pocos días recibió a Benín por las Eliminatorias para la Copa Africana de Naciones 2027. El partido terminó 1-1, pero el resultado quedó casi en segundo plano porque significó una nueva presentación internacional en el renovado Stade du 4 Août, la casa histórica de los Sementales.

El nombre tampoco es casual. Hace referencia al 4 de agosto de 1983, fecha en la que comenzó la revolución liderada por Thomas Sankara, una figura política que aún hoy es venerada por muchos africanos. El estadio fue inaugurado en 1984 y durante décadas se convirtió en el principal escenario deportivo del país.

La cancha atravesó años complicados. En 2021 la Confederación Africana de Fútbol le quitó la habilitación para encuentros internacionales por no cumplir con los estándares exigidos. Eso obligó a la selección a jugar varios compromisos fuera de Burkina Faso hasta que una profunda remodelación permitió su reapertura en 2025. Actualmente cuenta con capacidad para casi 30 mil espectadores y se transformó en un símbolo del regreso del fútbol internacional al país.

El contraste con lo que encontrará en la Argentina es enorme. En Uagadugú, la capital burkinesa, las entradas más económicas para ver el choque con Benín costaban apenas el equivalente a unos tres dólares. La federación incluso difundió comunicados con los puntos físicos de venta y con un extenso protocolo de seguridad que prohibía desde armas y cigarrillos hasta pelotas de fútbol y paraguas de gran tamaño.

La llegada a la Argentina, además, estuvo cargada de problemas. El vuelo que debía trasladar a la delegación desde Marruecos fue cancelado sin previo aviso y obligó a la Federación Burkinesa a buscar una alternativa contrarreloj. La propia FBF reconoció que las condiciones del nuevo viaje generaron reparos entre algunos futbolistas y medios de ese país informaron que varios integrantes de la selección mayor finalmente no viajaron. En las gestiones para destrabar la situación participaron la ministra de Deportes, Annick Pikbougoum Zingué Ouattara; el presidente de la Federación, Oumarou Sawadogo; y el embajador burkinés en Marruecos, Mamadou Coulibaly.

Finalmente, los Sementales consiguieron un vuelo chárter desde Casablanca y completaron el plantel con jugadores jóvenes. Pero tampoco ese viaje salió según lo previsto: el avión despegó demorado y su llegada a Buenos Aires está estimada para las 15.32 de este sábado, apenas cinco horas y 28 minutos antes del partido de las 21 en el Monumental. Y la estadía será fugaz: el vuelo de regreso está programado para las 7 de la mañana del domingo. Pese a los cambios en la delegación, el amistoso no corre riesgo y mantiene su condición de partido internacional clase A.

Pero dentro de la cancha también hay historias que llaman la atención.

La principal figura de la selección es Edmond Tapsoba, defensor del Bayer Leverkusen alemán. Su historia es la de muchos futbolistas africanos que lograron abrirse paso desde condiciones muy humildes. Creció jugando en las calles de Uagadugú, comenzó relativamente tarde en el fútbol organizado y terminó convirtiéndose en uno de los zagueros más respetados de Europa. Hoy es uno de los líderes de una generación que busca devolver a Burkina Faso a los primeros planos continentales.

Sin embargo, el nombre que más curiosidad despierta es otro: Aboubacar Camara.

El delantero integra el plantel del Red Bull Salzburg, el mismo club austríaco que durante los últimos años se transformó en una verdadera fábrica de talentos. Allí explotaron futbolistas como Erling Haaland, Benjamin Sesko, Karim Adeyemi y Dominik Szoboszlai antes de dar el salto a las principales ligas del planeta.

Por eso, aunque todavía no tenga la repercusión internacional de otras figuras africanas, muchos observadores siguen de cerca su evolución. En un continente que históricamente produjo delanteros de élite, Camara aparece como una de las apuestas de futuro del fútbol burkinés.

Burkina Faso nunca jugó un Mundial y su mejor actuación continental fue el subcampeonato de la Copa Africana de Naciones en 2013. Sin embargo, cada vez que los Sementales salen al campo llevan consigo una identidad que trasciende el fútbol: la leyenda de una princesa guerrera, un país que encontró en el caballo uno de sus símbolos y una nueva generación que sueña con hacer historia.

Ahora tendrán una oportunidad única. Después de jugar en casa ante Benín, cambiarán el calor de Uagadugú y el estadio de la revolución por el desafío de medirse con la Argentina campeona del mundo. Un viaje que los llevará desde el corazón de África hasta el escenario más prestigioso que existe hoy en el fútbol internacional.



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