“Existe mucho en común entre Astor y el fútbol”, escribió César Luis Menotti en la contratapa del disco Piazzolla-Mundial 78, el álbum que acaba de ser reeditado en vinilo por RGS Music.
Para Menotti, el bandoneonista había conseguido hacer audible una Buenos Aires contemporánea que también se expresaba en los estadios: una ciudad cuyos latidos pasaban indistintamente por el tango y la pelota. Desde esa intuición, el DT campeón del mundo imaginaba a Astor Piazzolla sobrevolando la ciudad, sus tribunas y su historia futbolera, hasta posarse simbólicamente en el Estadio Monumental, donde la inminencia del Mundial de 1978 condensaba las expectativas de una parte del país.
La asociación iba más allá de una metáfora ocasional: del mismo modo que Menotti concebía un fútbol en permanente evolución, capaz de innovar sin renunciar a una identidad propia, encontraba en la música de Piazzolla esa misma tensión entre tradición y ruptura, entre fidelidad al origen y vocación de futuro.
“Aquellos que luchan por una constante y renovada evolución de nuestro fútbol, sin perder nuestras características e intentando hacer la menor cantidad de concesiones posibles, creemos que potencialmente tiene mucho que ver con la música de Astor Piazzolla y por eso nos sentimos realmente emocionados”.
Menotti se despide en su texto con un sentido agradecimiento. “Astor: mi agradecimiento por su gentileza al dejarme participar en esta página donde demuestro todo mi afecto y mi admiración por su música”.
La reaparición de Piazzolla-Mundial 78 invita, sin embargo, a volver sobre aquella imagen desde una perspectiva más amplia en los tenebrosos años de la dictadura. Porque los discos, como los monumentos, conservan no sólo las obras que contienen sino también el horizonte de sentido que las produjo.
La historia de Piazzolla-Mundial 78
El disco fue grabado en Milán a fines de 1977, por encargo de la discográfica Produttori Associati, y lanzado en vísperas del Mundial. Su historia es tan compleja como el contexto de la dictadura que envolvió la Copa del Mundo.
“Para el Mundial le voy a entregar al país un larga duración que no sé si va a gustar o no, pero que es mi homenaje al fútbol, un deporte que me gusta muchísimo. Se llama Piazzolla-Mundial 78“, dijo el músico en una entrevista a la revista argentina La Semana.
La conformación instrumental es prácticamente la misma de Libertango, Summit, Suite Troileana y Piazzolla 77 (también publicado como Persecuta), con el baterista Tullio de Piscopo, Gianni Zilioli en órgano, piano a cargo de Arnaldo Piuri, Sergio Farina en guitarra, tres flautas, bajo eléctrico y cuerdas.
Piazzolla -que jugaba con los sintetizadores, el órgano Hammond, el bajo eléctrico y una robusta formación donde destacaban mucho las flautas y la percusión- decidió estructurar el álbum como un partido de fútbol. Cada tema llevaba el nombre de un elemento del juego: Lado A: Mundial 78, Marcación, Penal (incluye sonidos de silbatos), Gambeta; Lado B: Golazo, Wing, Corner, Campeón.
“Piazzolla-Mundial 78”. El disco fue grabado en Italia. Astor luego le cambió el nombre al álbum y a cada uno de sus temas, hasta que lo descatalogó.Era la etapa italiana de Piazzolla, en la que su lenguaje profundizaba el cruce entre instrumentos acústicos y eléctricos. Omar García Brunelli sostiene en La música de Astor Piazzolla que esos años, la última etapa italiana (1974-1978), están marcados por una consolidación del lenguaje del Conjunto Electrónico, la incorporación de recursos del rock y del jazz, en una época en la que el compositor alternaba sus proyectos de mayor ambición artística con música para cine, televisión y trabajos concebidos para acontecimientos específicos.
Con todo, Mundial 78 ocupa un lugar marginal dentro de la discografía de Piazzolla. Mientras que para Brunelli el álbum debe entenderse como un episodio de la intensa etapa italiana de Piazzolla, para Diego Fischerman y Abel Gilbert figura entre sus trabajos menos logrados, junto con Libertango y Persecuta, el punto más bajo de su discografía, según escribieron en Piazzolla, el mal entendido. La propia Fundación Astor Piazzolla coincide en que este LP representa uno de los puntos creativos más bajos de la discografía del autor de Adiós Nonino.
El álbum pasó casi inadvertido. Y no puede dejar de asociarse la música con las oscuras circunstancias extramusicales. Su escasa repercusión coincidió con que fuera de la Argentina, el Mundial de 1978 era observado con creciente recelo por la utilización propagandística que hacía de él la dictadura militar, incapaz de responder a las denuncias internacionales sobre las desapariciones forzadas. La suerte del álbum fue tan esquiva que el propio Piazzolla decidió retirarlo de circulación.
Al trasfondo histórico de Golazo lo atraviesa la misma oscuridad que al resto de los temas. El disco fue pensado para subirse a la ola comercial de la Copa del Mundo organizada en la Argentina, mientras que en Europa se comenzaba a visualizar el horror de los secuestros y las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura militar de Videla.
La contratapa del disco “Piazzolla-Mundial 78”, con los nombres de los temas dedicados al fútbol.Cambio de nombre para el álbum y para los temas
Apenas dos años después, en 1980, reapareció el polémico álbum bajo un nuevo título: Chador, despojado de toda referencia futbolística. El Mundial desaparecía de la portada y también del repertorio: Mundial pasó a llamarse Thriller; Marcación, Panic; Penal, Tango Fever; Gambeta, Chador; Golazo, Goooooal; Wing, Buenos Aires Promenade; Corner, Milonga Trip; y Campeón, Tango Blues. La reciente reedición de RGS Music, titulada nuevamente Piazzolla-Mundial 78, restituye casi por completo los nombres originales de las piezas; la única excepción es el tema de apertura, rebautizado como Piazzolla 78.
Es probable que, como señala Carlos Kuri, el insaciable deseo de Astor de que su música llegara a la Argentina, albergaba también la esperanza de que se escuche en el Mundial.
Paradójicamente, aunque el bandoneonista asistió en 1977, junto con otras figuras de la cultura argentina, a una recepción oficial encabezada por Videla, la dictadura nunca recurrió a Piazzolla. El músico declaró que no fue una invitación voluntaria, sino que lo “mandaron a buscar” con una citación. La fotografía de ese encuentro fue utilizada por la dictadura como parte de su estrategia para mejorar su imagen en Europa.
Lo cierto es que Piazzolla distaba de encarnar el perfil cultural que la dictadura pretendía promover: entre las obras censuradas por el régimen figuraba La bicicleta blanca, el tango con letra de Horacio Ferrer, compuesto pocos años antes.
La música oficial, de Ennio Morricone
El tema oficial del Mundial 78 fue compuesto por el italiano Ennio Morricone.El Mundial 78 tuvo su melodía oficial. El autor de Mundial de fútbol de Argentina 1978 fue ni más ni menos que Ennio Morricone, uno de los grandes renovadores de la música para cine, compositor de legendarias bandas sonoras de películas como Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio o El bueno, el feo y el malo. Aunque toda su vida siguió fielmente al equipo de la Roma, la verdadera pasión de Morricone no estaba en el futbol, sino en el ajedrez. El músico alcanzó un nivel tal que le permitió jugar con mucha dignidad frente al jugador ruso Boris Spassky.
El encargo a Morricone partió, en coordinación con la FIFA, del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM ’78), el organismo estatal creado por la dictadura militar para organizar la Copa del Mundo. Fue una decisión inusual, porque que hasta entonces las canciones de los mundiales habían sido encargadas casi siempre a músicos del país anfitrión. Pero la elección del músico italiano respondía a una estrategia de proyección internacional: al ser uno de los compositores más prestigiosos de Europa, su nombre aportaba un sello de modernidad y prestigio cultural al campeonato que la dictadura buscaba exhibir ante el mundo.
El Mundial fue título del tema escrito por Morricone, dura poco más de tres minutos y, excepto los primeros segundos en los que se escucha “Argentina, aquí el Mundial” y un suave coro que tararea, es puramente instrumental -con sonidos de viento, sintetizadores y batería- y lleva el sello inconfundible de la estética de su autor.
La melodía oficial se dio a conocer públicamente sólo 20 días antes del partido inaugural. El autor de la música de Sacco y Vanzetti nunca viajó a la Argentina para el Mundial y la melodía oficial desapreció de su catálogo. Morricone fue un compositor que reflexionó mucho sobre su obra y resulta significativo el silencio sobre esta melodía. En sus memorias y en las entrevistas recopiladas por Alessandro De Rosa en En busca de aquel sonido prácticamente no hay referencias a la música de la Copa del Mundo 1978. El episodio ocupa un lugar completamente marginal dentro de una producción de más de quinientas bandas sonoras.
25 millones de argentinos, jugaremos el Mundial…
Una imagen de la final del Mundial 78. La marcha compuesta por Martín Darré fue el fondo musical de la competencia disputada en plena dictadura.Mientras que el italiano Ennio Morricone firmó la melodía oficial del campeonato -utilizándose casi exclusivamente como cortina musical y como tema de apertura y cierre de las transmisiones de radio y televisión-, la música que quedó grabada en la memoria de los argentinos, y apelaba más directamente a la arenga, fue la Marcha Oficial del Mundial 78, compuesta por Martín Darré.
Músico, director, bandoneonista y arreglador vinculado a la música sinfónica y de bandas, Darré escribió una pieza de carácter marcial y ceremonial, interpretada por la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires, que acompañó las transmisiones televisivas, los actos protocolares y buena parte de la cobertura del torneo.
“25 millones de argentinos, jugaremos el mundial. / Mundial, la justa deportiva sin igual. /Mundial, un grito de entusiasmo universal./ Vibrar, soñar, luchar, triunfar, luciendo siempre sobre la ambición y la ansiedad, temple y dignidad”, la letra de su fanfarria de Darré terminó imponiéndose en el imaginario popular, relegando a un segundo plano la partitura de Morricone y convirtiéndose en uno de los sonidos más perdurables -y controvertidos, por su asociación con la dictadura- del Mundial de 1978.
